Hillary y el falso feminismo: Carlos Ramírez

Cp15F91W8AA3ipWWASHINGTON, D.C.- Como el periodismo tiene la función de revelar, el The New York Times Magazine ha publicado cuando menos dos textos que exhiben el verdadero rostro de Hillary Clinton como aspirante a la presidencia de la nación: uno la revela como un halcón en materia de política exterior y otro se pregunta cómo la representante del establishment corporativo de Wall Street podría convertirse en adalid del 99% de estadunidenses explotados por los ricos del 1%.

Hillary enfrentó una doble polarización: hacia el interior del Partido demócrata, enfrentó al socialista Bernie Sanders que contabilizó la mitad de los votos en las primarias; y hacia el exterior tiene enfrente al atrabancado empresario Donald Trump que también tiene alrededor de la mitad de los votos en las encuestas.

Pero la parte más complicada de Hillary radica en el hecho de que quieren explotar su condición de mujer pero en el entendido de que a lo largo de su carrera política nada ha hecho a favor del género. A partir de Simone de Beauvoir en El segundo sexo, la mujer no nace sino que se va construyendo. Y Hillary es más un macho político que una mujer con sensibilidad femenina a la hora de ejercer el poder.

A Hillary le ha beneficiado la candidatura descontrolada de Trump porque muestra oficio en el ejercicio del poder, aunque esa experiencia vaya a beneficiar al establishment del complejo militar-industrial-financiero. Barack Obama despertó muchas esperanzas por el color de su piel y su discurso demagógico a favor de los pobres, pero su saldo a ocho años de distancia ha sido el fracaso del enfoque social y de la esperanza: los ricos son más ricos y los pobres siguen siendo pobres. Lo mismo va a ocurrir con Hillary Clinton.

Pero a favor de Trump se encuentra la biografía del poder de Hillary, sus caos de corrupción, de sumisión al marido para mantener el poder, la indignidad femenina ante los abusos sexuales de Bill Clinton y su propia ineficacia como senadora neoyorkina y secretaria de Estado. Los pasivos de Hillary son un regalo electoral para Trump, sobre todo en campañas presidenciales estadunidenses donde la política es espectáculo y efectismo, no razonamientos.

Y en medio de Trump y Hillary se localiza la sociedad estadunidense no sólo harta de las promesas de los políticos, sino ya sin la estructura de bienestar que existía antes de la crisis del 2008: la seguridad del retiro luego de años de trabajo es hoy la inestabilidad en el empleo. Al perder la certeza de una vejez tranquila, el estadunidense medio también extravió su confianza en la política y el poder.

Los negativos de Trump no alcanzan a compensarse con los negativos de Hillary y en ese sentido el votante carecerá de verdaderas alternativas. Analistas mexicanos quieren explotar el inexistente género de Hillary porque ella es ajena a la política (femenino) y está dominada por la pasión por el poder (masculino). En materia de imperialismo, Hillary está más cerca de Bush que de Obama, y por ello como senadora votó por las leyes patrióticas que tienen en los EE.UU. a un Estado policiaco de seguridad nacional.

En este sentido, Hillary es peor que Trump porque el empresario cuando menos es intolerantemente sincero en sus respuestas al grado de cometer error tras error, pero Hillary es un halcón con plumas de paloma. Y será una pieza más del establishment que controla el poder en los EE.UU.

 

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