Emboscada contra el Ejército: Luis Octavio Murat

luis-ocavioEl silencio de gobiernos, columnistas y medios internacionales respecto al ataque contra los militares en Culiacán, Sinaloa, ha sido extraño, pues el ataque fue brutal. Los videos de televisión nos mostraron el bárbaro grado de violencia utilizado contra los soldados.

¿Que sucedió? Eran las 3.45 horas del pasado viernes; el bulevar Orquídeas de la carretera internacional México 15, el lugar de los hechos; protagonistas: dos unidades del ejército integradas por 17 militares que regresaban de Badiraguato escoltando una ambulancia de la Cruz Roja que transportaba un herido de nombre, Oscar Ortiz Vega, alias el Kevin, lesionado en un enfrentamiento previo ocurrido en Bacacoragua, Badiraguato.

Sucedió que, en dicho crucero, una emboscada contra el convoy militar fue preparada por el grupo armado que esperaba al grupo castrense para atacarlo por sorpresa usando armas de alto calibre y granadas. El objetivo fue rescatar a el Kevin en poder de los soldados, según reporto el General Duarte Múgica, comandante de la plaza.

Se trató de un ataque tan violento que los mismos militares estaban asombrados por la capacidad, la táctica y la fuerza del comando armado. El saldo, seis soldados muertos, 10 lesionados y vehículos militares destruidos y calcinados.

Los hechos, filmados por las cámaras de diferentes medios nos mostraron imágenes estrujantes, que nos parecía estar viendo escenas de la cruenta guerra en Siria o Irak.

De inmediato, autoridades y voceros dieron cuenta de que los hijos del Chapo Guzmán, eran los responsables de tan graves acciones. Días después, el abogado del narcotraficante desmintió las acusaciones y los hijos, a su vez, se deslindaron de los hechos afirmando, que no tuvieron nada que ver en el atentado contra el grupo militar.

La gravedad de los hechos es tal que, el Secretario de la Defensa Nacional, el General Salvador Cienfuegos Zepeda, indignado, calificó de “enfermos, insanos, bestias y criminales” a quienes emboscaron a los soldados en Culiacán, Sinaloa, advirtiendo que el ataque no los hará bajar la guardia, no los van a amedrentar, al contrario, pero con paso firme y decidido contribuyendo a la seguridad de todos.

El General Cienfuegos pidió a la sociedad su respaldo moral y reconoció que el ejército mexicano está de luto, y exigió justicia.

Es aquí, donde extraña que este grave asalto contra el convoy militar no haya sido, todavía, condenado por la opinión pública nacional e internacional.

Sin embargo, se explica lo anterior, si tomamos en cuenta lo siguiente: Nuestro país padece de una realidad violenta que día a día se incrementa y nadie ha sido capaz de contenerla, aun cuando los números de los funcionarios sean alegres, en el sentido de que la violencia en México ha disminuido; el sentir popular no lo confirma. Asesinatos; secuestros contra nacionales y extranjeros; asaltos en las vías rápidas de las ciudades aprovechando el intenso tráfico que detiene a los vehículos; carreteras inseguras; leyes de seguridad ciudadana que no se aplican; cuerpos de seguridad insuficientes y no bien entrenados; ciudades no planeadas que crecen en forma insensata provocando el caos, la violencia y la inseguridad, funcionarios promoviéndose para ser candidatos a la presidencia descuidando sus responsabilidades…

En suma, México se tornó en un país inseguro y violento en extremo, y no hay para cuando el Estado todo recupere la civilidad, la tranquilidad y el estado de derecho. La incapacidad de las autoridades responsables de la seguridad del estado como son Gobernación y Procuraduría General de la República, principalmente, son muestra indiscutible de que la batalla contra el narcotráfico y sus cárteles, hasta ahora, está pérdida. Más todavía, cuando el respeto al ejército se quebró desafiándolo y combatiéndolo en forma tan violenta y bárbara en Badiraguato, Sinaloa, sentando un precedente muy preocupante.

Agreguemos, la violenta situación mundial como la que se padece en Siria, país donde los bombardeos son interminables y las treguas cortas. Guerra cruenta en la que son 470,000 los muertos, 27% de ellos niños en solo cinco años. Guerra en que los participantes: Gobierno, Estado Islámico, Milicias Kurdas, Rusia y Estados Unidos, han convertido a Siria en el infierno del que han escapado 5 millones de personas para refugiarse donde se pueda, sin importar que la vida se pierda en la inmensidad del mar. Todo, pero no morir en el infierno sirio. Los videos nos han mostrado las dramáticas escenas de los cuerpos de rescate sacando a los bebes de los escombros.

Aquí, en nuestro país, Tlatlaya, Ayotzinapa y Atenco, han sido graves crímenes masivos no aclarados en los cuales la participación de las fuerzas de seguridad han estado en duda por el incumplimiento de los protocolos que faculta la ley. Esto ha producido resentimientos entre las poblaciones que han sufrido lastimaduras que todavía no sanan; las heridas continúan abiertas, aun cuando haya encarcelados; sin embargo, el fondo no se ha tocado; los verdaderos responsables no han sido tocados.

De manera, que habiendo tantas situaciones violentas sin resolver, se explica el porqué la capacidad de asombro de la gente esté inerte y lo preocupante seria que nos estemos acostumbrando a la violencia en extremo.

El desfile militar del pasado 16 de septiembre, parte de la nación, presenció orgullosa la gallardía de las fuerzas armadas mexicanas y deseando, tal vez, el retorno de la seguridad de la nación como deber principal de las fuerzas de seguridad del Estado.

Off the record: Desatados los aspirantes a la candidatura presidencial por lo que ya es momento de renunciar al cargo y no estar aprovechando recursos que no son propios, sino de la nación.

Hay posiciones pendientes en el gabinete presidencial. ¿No alcanza el dinero para pagar los sueldos?

Ni el poder legislativo ni el judicial han abierto la agenda en cuanto al recorte del presupuesto. Las leyes y la justicia deben ser ricas.

Resbalón turístico de Emilio Gamboa dañando arrecifes.

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