El costo de los excesos: Luis Octavio Murat

luis-ocavioLas acciones humanas, casi siempre, tienen un efecto, un costo, un precio. En ocasiones, son muy altos, más aun, cuando hay que pagarlos en tiempos cortos como los que están pagando el presidente de México y el ex Secretario de Hacienda, a causa de los motivos que conocemos y que solo recordarlos incomoda, sobre todo, cuando las críticas se tornan ruines y viles olvidando valores que distinguen al periodismo que construye con critica positiva, sin recurrir a los excesos de la injuria que ofende no solo al entrevistado, sino a quien lo lee, lo escucha y lo observa.

Un ejemplo que puede ilustrar es la lectura obligada para estudiantes de periodismo antes de que se amarguen o se corrompan, ojalá que no; de aquel libro que publicó Oriana Fallaci, “Entrevista con la Historia”, dedicado a “todos aquellos que no gustan del poder”.

Fallaci, entrevisto a 26 personajes de alto nivel, entre ellos, a Henry Kissinger; a Husein I de Jordania; a Nguyên Van Thieu; a Willy Brandt; a Indira Gandhi, a Golda Meir, a Yasir Arafat; a Zulfikar Ali Bhutto, a William Colby, a Giulio Andreotti y a varios más.

Fueron trabajos periodísticos en los que no se perdió el profesionalismo ni la ética de la periodista en párrafo alguno, y mucho menos el respeto que se le debe al entrevistado, simplemente porque la educación obliga.

Fue enérgica cuestionando a sus entrevistados pero sin perder la clase y el respeto que debe caracterizar a la persona educada. Sin pretender usar el micrófono o la pluma como arma justiciera; eso le corresponde a los lectores como al periodista informar y no ofender en ventaja con la pluma, el micrófono o las cámaras. Eso es arbitrario.

Hay una anécdota espléndida de cómo se manejan algunos diarios y periodistas que han hecho del oficio chantaje cotidiano a lo largo de la historia.

En su novela Napoleón publicada en el verano de 1924, Emil Ludwig, nos cuenta cuando El Emperador inicia su retorno al poder desde su exilio en la Isla de Elba. A 40 horas de la capital francesa, Paris, “que ha olvidado ya el obrar por cuenta propia, se halla tranquilo y pasivo. El tono de la prensa refleja los movimientos de la opinión”.

“El demonio se ha escapado de su destierro…El fantasma corso ha desembarcado en Cannes…El tigre ha sido visto en el Cabo…El monstruo ha podido llegar a Grenoble gracias a una traición…El tirano ha pasado por Lyon, donde fue general en terror…El usurpador ha tenido la audacia de acercarse a 60 horas de la capital…Bonaparte llega a pasos de gigante, pero nunca entrará en Paris…Napoleón estará mañana a las puertas de la ciudad…Su Majestad se encuentra en Fontainebleau…El Emperador ha llegado”.

El párrafo de la espléndida novela de Emil Ludwig, ilustra, claramente, aquello que el presidente, José López Portillo, acusaba: “No pago con la derecha para que me peguen con la izquierda”.

La critica cuando es constructiva es sana y obligada y es deber del periodismo ejercerla, a fin de enterar al público de lo que está sucediendo en los quehaceres internos como externos.

Pero cuestión diferente es golpear para beneficio propio y no para los lectores, pues se estaría engañando o asustando con sensacionalismos que solo inquietan y perjudican el ritmo de las acciones. Hacer eso es protagonismo periodístico buscando el beneficio propio.

Con lo anterior, no se pretende justificar ni evadir las responsabilidades de los que cometen errores. Por el contrario, señalarlas es nuestra responsabilidad, pero diferente es ofender, insultar y abusar con la palabra, cuestionando con la trampa preparada y el veneno listo para hacer daño.

No creo en el uso del puñal escondido, me parece cobarde acción disfrazada de “libertad de prensa” o de “libre expresión”. Creo más bien, en la crítica que construye advirtiendo, señalando, corrigiendo, apoyando, pero no destruyendo pues el daño se hace más profundo y más peligroso.

Hoy, México, está seriamente dividido, malos presagios se expresan a diario por todos los medios de comunicación respecto a la economía, a la política y al incierto futuro del país. Los partidos políticos insisten en combates personales que profundizan la división del país y algunos informadores publican falsas alarmas por lo que me pregunto:

¿Qué es lo que importa a los que vivimos en este territorio? ¿El derrumbe de México como le sucedió a Argentina, Venezuela y recientemente a Brasil o superar la crisis política y económica por la que estamos atravesando, crisis que requiere el esfuerzo de las mayorías para unir y no dividir?

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