EE.UU: ahora dónde te pongo: Carlos Ramírez

ctmxdtlwcaalne5Visto con la frialdad de los hechos políticos como sucesos de la coyuntura, la polémica dinamizada por la visita del candidato republicano Donald Trump le da actualidad al tema de la configuración de la sociedad mexicana en plena era del tratado de comercio libre de Norteamérica. El debate que eludió el tratado ha llegado. Y no en el mejor momento.

La política exterior de México se ha forjado en el contrapunto del expansionismo imperial estadunidense. Y el ser nacional mexicano nació del conflicto histórico con los EE.UU que se apropiaron de la mitad del territorio mexicano en 1848. Juárez, Díaz y el PRI forjaron el nacionalismo mexicano vis a vis el acoso del imperio.

No debe sorprender –aunque pareciera que sí– el recalentamiento del nacionalismo mexicano por la visita de Trump. Pero hay que hacer algunas precisiones: la mayor parte de ese sentimiento tiene que ver con el antipeñismo en las redes cibernéticas y no precisamente por la reactivación del Pancho Villa que invadió los EE.UU. y atacó Columbus ni con el Antonio López de Santa Anna que aplastó a los separatistas texanos en El Alamo, San Antonio, Texas.

Las críticas en las redes personalizaron el asunto en la figura del presidente Peña Nieto. Sin embargo, en el fondo se dieron dos hechos de suma importancia que olvidaron los analistas en su apasionamiento nacionalista: el PRI y la institución de la presidencia de la república eran históricamente el factor de unidad nacionalista contra el imperio de la Casa Blanca. Pero hoy el PRI se perfila con el 20% de las tendencias electorales para el 2018.

Y ahí comienzan las incongruencias. El PAN va a la cabeza en las tendencias electorales, aunque sea el PAN que se alió a los empresarios y la derecha religiosa en una maniobra operada en 1984-1985 por el embajador estadunidense John Gavin. Por tanto, el nacionalismo de los críticos de Trump son más bien reflejo del estado de ánimo antipeñista de las redes y una reacción a los dichos antihispanos de Trump. Porque los gobernantes que más han impulsado las deportaciones de los mexicanos y no cumplieron sus promesas de reformas migratorias han sido los demócratas Bill Clinton y Barack Obama.

La despriización y la despresidencialización políticas explicarían el desconcierto de las élites clasemedieras que se enfurecieron por la visita de Trump. Se trata de una ruptura a posteriori relacionada con el tratado de comercio libre de Carlos Salinas que le cedió a los Estados Unidos la soberanía económica y la política exterior y enterró boca abajo el conflicto histórico del siglo XIX y la pérdida del territorio, tratado por cierto iniciado con George Bush padre y firmado con el presidente Bill Clinton.

Los enojos contra Trump deben salirse de los ánimos y llevar al gran debate que debió de haber provocado el tratado de 1993: el replanteamiento de las relaciones sociales, políticas, migratorias y de principios de la política exterior con los EE.UU.. El tratado comercial desinfló la política exterior mexicana de la solidaridad con los pueblos progresistas y redujo su activismo en función de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de Washington.

El problema no es adivinar la política hacia México de los EE.UU. si gana Trump, sino tener los datos de que Hillary andaría el mismo camino. Llegó la hora, con un presidencialismo priísta de una quinta parte, de redimensionar el nacionalismo y no quedarnos en los insultos.

 

indicadorpolitico.mx

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