Donald who?: Miguel Ángel Sánchez de Armas

18-armasA la denominación de origen JdO he agregado un “La semana”. Esto se debe a que después de más de 20 años de escribir monotemáticamente ha llegado el momento de una remozada.

Lunes. Que Donald Trump es un mentecato lo saben hasta sus nietos. Lo asombroso es que en las altas esferas de nuestro gobierno haya quienes se tomaron la molestia de responder a las provocaciones de este gringo que tendría dificultades para explicar si México es el país que está al norte o al sur del suyo. Ojalá que el New York Times no editorialice la oferta del millonetas de construir un muro, por que entonces sí se nos arma la de Dios es Cristo: no logramos deshacernos del complejo de inferioridad que nos provocan los extranjeros.

Martes. Con la noticia de que doña Rachel Dolezal, directiva de la agrupación que defiende a los negros en el vecino país, NAACP por sus siglas en inglés, no es negra. Sus papás la delataron y dieron a conocer fotografías en donde la niña Rachel parece Blancanieves. La CNN dedicó horas a la noticia y solamente los asesinatos en el templo de Charleston desplazaron la noticia. Francamente no entiendo a los gringos, así que pedí luces a mi cuata la Sagrario, experta en el tema y respondió lo que transcribo: “¿Quién tiene el negrómetro o el indiómetro verdadero? Hay negros que niegan serlo y no se la arman de tos. Como me dijo el Dr. Lovejoy de Canadá, hombre más blanco que la leche y experto en historia y cultura africana: ‘Yo me niego a renunciar a mi herencia cultural afro con todo el amor y afición que le tengo al jazz… no soy negro pero esa es mi herencia y es mi cultura…’ Me quedé speechless. ¿Quien  tira la primera piedra?” El asunto es para la siquiatría social. Estos puritanos son capaces de arrojar una bomba atómica sobre una ciudad indefensa o invadir un país lejano en el nombre del bien y dormir tranquilos, pero una “mentira” les horroriza y les saca de quicio. No sé si Rachel es competente o no, pero si quiere ser negra, amarilla o azul ése es su problema. ¿Recuerda el lector el caso de Janet Cooke, la negra del Washington Post que devolvió el Pulitzer? Dios, dame paciencia.

Miércoles. Pasaron las elecciones y comenzó  el rasgar de vestiduras y el rechinar de dientes entre los perdedores. Hay casos patéticos que achacan a complós, maquinaciones y malas vibras el descontón electoral y evidencian el tercermundismo político en que vivimos. Qué diferencia con mi querido José Yunes Zorrilla. Hace años perdió la elección para senador por Veracruz. Le pregunté si impugnaría el resultado. De buen humor respondió que no faltaría al respeto al electorado y que más bien se dedicaría al análisis de las causas de la derrota y a tomar medidas correctivas. Hoy ocupa una curul en el Senado y preside una de las más importantes comisiones legislativas.

Jueves. De la madre patria llegó la noticia del siglo, materia de primera plana para nuestros modernos informativos impresos y electrónicos: Felipe, Rey de España, revocó el uso de un título real a su hermana Cristina. ¡Cáspita! En las residencias de las clases dominantes se destaparon los frascos de las sales y un viento de asombro y dolor barrio las recámaras de generosas matronas y los fumadores de atildados caballeros. Doble contra sencillo de que antes que lo geopolítico, lo económico o lo social, ésta será la pregunta en labios de los reporteros de presidencia en la próxima visita de Estado de la real pareja a México.

Viernes. Por fin parece que vemos atisbos de una postura firme en un tema tan horrible y enfermizo como el de la pederastia en la iglesia. La Jornada del 16 de junio dice en su nota: “El papa Francisco decidió romper el silencio que por siglos reinó en la Iglesia católica sobre la pedofilia, al anunciar el juicio contra un ex nuncio por ese crimen”. A riesgo de ser consignado al Tribunal del Santo Oficio por faltas a la caridad cristiana, propongo que en todos los casos donde exista la sospecha de esa conducta el cura sea excomulgado y expulsado de la Iglesia; y en los casos en que se compruebe, al delincuente le sea aplicada la castración química. No puede haber piedad para conducta tan diabólica.

Fin de semana. Leo la biografía alucinante de Hugh Trevor-Roper escrita por Adam Sisman y confirmo que a los grandes creadores se les acerca sólo por su obra. El genio y la fama no se traducen necesariamente en buenas o simpáticas personas. Trevor-Roper, el más grande historiador inglés del siglo pasado, fue famoso por sus pleitos y rencores lo mismo que por sus libros. “No hay nada tan divertido como una buena batalla”, decía. Su guerra con Lawrence Stone sobre las formas de acumulación de riqueza en el siglo XVI, que llegó a las primeras planas de los periódicos, fue descrita como el más vitriólico asalto de un historiador hacia otro, un ejemplo de terrorismo intelectual. Pero nos dejó Los últimos días de Hitler y La crisis general del siglo XVII. Yo, grinch reconocido, me declaro su fan y le doy las gracias.

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