Día de las madres: Horacio Corro Espinosa

10-horacio-corroTal vez, ustedes serán testigos del canto de las mañanitas madrugadoras o del mariachi o de las guitarras, y todo para celebrar a la mamacita de la casa el 10 de mayo.

Un poco más tarde será la invitación a comer a un restaurante de lujo o de medio pelo, para romper -tan sólo este día- las cadenas que atan a la mamá a la cocina.  El 10, será el día de tregua en las agresiones mutuas: eso significa el 10 de mayo.

El día de las madres es el único día que la gente se acuerda de su madre, por que los otros 364 días se acuerda sólo de la progenitora de los demás. Es el único día que la gente asegura que todas las cabecitas blancas del mundo son unas santas y por tal motivo le presentan bailables, cantos, sentidas poesí­as, bandas de música, cuetes, y para que disfrute más del espectáculo le preparan su nieve de limón.

En ese día, muchos hablan como merolicos frente a las propias y las ajenas para exaltar su labor de guías del mundo, porque gracias a las mamitas, han construido hombres  de bien a la humanidad. Es el día en que todo mundo se siente santo. Sin ellas, las mamitas,  ninguno hubiera habitado este planeta. Se les reconoce porque renunciaron a casi todas sus aspiraciones per­sonales, y en muchos casos, abandonaron su profesión con el fin de ser madres de tiempo completo.

Por regla general los malos hijos, los malos esposos, los malos com­pañeros, toman el 10, la categoría de buenos hijos, buenos padres, buenos para todo sólo porque ese día veneran a la “jefecita”, a la “viejita”, a la “mami”, a la “cabecita blanca” a la mera “patrona” a la “abnegada” sin quitarle la jerarquía de santa, inmaculada, virgencita y pura. Ese día se le colma de arruma­cos, abrazos, apapachos, piojitos, besos, lágrimas y un sin fin de ridiculeces y caricias que nunca acostumbran a hacerle, pero el día de las madres, por ese día, lo hacen a pesar de todos sus traumas porque es el día y hay que hacerlo.

Muchos de los que le llevarán un regalo a la autora de la vida, tendrán que pedir prestado o robar si es necesario, porque… cómo presentarse ante ella con las manos vacías. El maleante, el asaltante, el narcotraficante o el más despiadado asesino se emociona hasta las lágrimas cuando se trata de su “jefeci­ta santa” a quien le pide su bendición antes de golpear, asaltar, transar, o ponerle los cuernos a su esposita santa.

El 10 de mayo, desde las cinco de la mañana, andarán un montón de tipos chupando de alegría por todas las calles de la ciudad con el pretexto de afinar el gañote an­tes de llevarle gallo. Pero es bueno llevarle fiesta hasta la puerta de la casa porque se trata de quien los pario.

Ya el 11 de mayo será otro día, pues con el menor motivo y sin tener el gus­to de conocerlas, las aludiran por medio de frases distintivas, chiflidos tipo arriero, claxonazos telegráficos, signos visuales en los que interviene el puño, el brazo, el antebrazo, el índice y el lenguaje, porque para eso se puede decir en inglés, español y también en mixteco o en zapoteco o en triqui, aunque muchos no lo crean.

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