Del Zócalo a los pinos: Raúl Castellanos

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EL DOMINGO VAMOS CONTRA TRUMP. EN 2018 SE AJUSTARÁN OTRAS CUENTAS.

El domingo se han convocado dos marchas con el objetivo de mostrar al mundo que en México repudiamos a Trump y todo lo que sus decisiones fascistas significan. Diría Aguilar Camín “para mí es una marcha de NO a Trump y a todo lo que Trump significa para México; NO al muro, NO a las deportaciones, NO a la discriminación, NO a las amenazas, NO a la mala vecindad. En suma: respeto por México”. Yo agregaría, NO a gravar las remesas, NO a la intolerancia y represión contra los que están allá rompiéndose la madre.

Sin embargo, las dos convocatorias, la de “Vibra México” liderada por María Elena Morera, María Amparo Casar, el Rector de la UNAM Enrique Graue y varios liderazgos más de organizaciones sociales e intelectuales; y la citada por la organización “Alto al Secuestro” que encabeza la señora Isabel Miranda de Wallace, hasta el cierre de estas líneas diferían en los matices de las consignas.

Si bien Casar precisó el carácter apartidista de la marcha, argumentando que “no son ni a favor ni en contra del gobierno de Peña Nieto, sino por la unidad y por la diversidad que es característica de México, contra todos los muros”; otro de los convocantes, Cencos, argumenta: “la manifestación ciudadana que respaldamos más de 60 organizaciones tiene como una de sus peticiones un gobierno que nos represente y rinda cuentas. Por ello, CENCOS va más allá y retoma la exigencia de que renuncie el Presidente Peña Nieto”.

Por su parte, Miranda de Wallace le dijo ayer a Ciro Gómez Leyva que no descarta la posibilidad de realizar las marchas de forma conjunta, aunque acotó “no podemos echar en una licuadora todos los temas porque no vamos a llegar a nada”, y agregó que según su visión no se trata de entregar un “Cheque en blanco” al gobierno, sino que “cuente con el apoyo de todos los mexicanos para que lleguen fuertes a negociar”. Como se advertirá, en esto último, está el detalle.

Como era de esperarse, el debate sobre el sentido de las marchas ha escalado. En las redes sociales se muestra la diversidad de visiones y posiciones; Enrique Krauze tuiteó “marchar proyecta al mundo una imagen de solidaridad frente a Trump. No marchar proyecta pasividad, indiferencia y hasta cobardía”; en respuesta –una de tantas- Andrés Lajous escribió “¿cómo sumas a la gente a una convocatoria? Ya sé: llámales cobardes si no están de acuerdo conmigo”; con buen sentido de humor negro, Carlos Bravo Regidor definió el diferendo “noto que la marcha por la unidad nacional está teniendo mucho éxito en mostrar que estamos divididos”.

Por mi parte, considero un falso debate la discusión sobre a quién mentarle la madre -con todo respeto- el próximo domingo, el hecho fundamental debe ser mostrar la capacidad que aún podemos tener de indignación y dignidad nacional en el mejor de los sentidos para encarar a un loco que amenaza al mundo con destruirlo y eso no es poca cosa, o por lo menos es mucho más que reclamarle a un gobierno su falta de sentido de la historia en la toma de decisiones.

Hoy no se debe perder la perspectiva de lo fundamental frente a lo necesario, hay que ver el bosque, no el árbol. El 13 de septiembre de 1968 la Marcha del Silencio calló a las bayonetas; el 16 de julio de 1988 cientos de miles marcharon levantando pañuelos blancos denunciando el fraude electoral y reclamando mejores estadios democráticos; en suma, el adversario estaba plenamente identificado. Hoy la amenaza tiene nombre y apellido, se llama Donald Trump. No nos confundamos.

Lo anterior no quiere decir que contemporicemos o avalemos las malas decisiones, los juegos de poder con interés de parte, los “errores de cálculo” –Peña dixit- pero en un régimen democrático como el nuestro, esas cuentas se cobran en las urnas. No falta mucho para el 2018.

El domingo, vamos contra Trump.

Raúl Castellanos Hernández @rcastellanosh