Del Zócalo a los Pinos: Raúl Castellanos

20130910-213806“AVÁNDARO UNA AVENTURA COMUNITARIA EN LA DICHOSA ANARQUÍA DEL PORVENIR” –Carlos Monsiváis dixit-; hace ya más de diez años converse para la “Televisión de los Oaxaqueños” con Marcelino Perelló uno de los líderes históricos del movimiento estudiantil del 68, lo hicimos muy a su estilo, ya casi en la madrugada, en el restaurant “Sep’s” de Insurgentes, convertido en improvisado estudio de grabación, degustando unos “Carlos I”; la larga charla como ustedes supondrán versó sobre su participación en el movimiento, incluyendo anécdotas y el escenario de la época; Marcelino me definió argumentando su condición de matemático que le permitía hacer abstracciones, la década de los sesentas como la de los grandes cambios en el mundo, principalmente en la juventud, asumiéndola como el espacio de tiempo transcurrido entre el 1 de enero del 59, con la entrada de Fidel y el “Che” Guevara a la Habana concluyendo el 11 de septiembre de 1973, día del golpe de estado en Chile; “hasta los sesentas la visión del mundo era ocre” me dijo, era un mundo inodoro, incoloro, así llegaron las revoluciones, en la música, surgieron los Beatles y los Rolling Stones y muchos más, más gruesos, la literatura se volvió realista, surgió el amor libre y el movimiento hippie, se desafió en las calles a lo correcto, fueron los tiempos de “dejar volar la imaginación” para llevarla al poder, los movimientos estudiantiles impusieron su marca, lo mismo en Europa que en América Latina, la lucha por los derechos civiles de los negros cobró estado y desde cualquier modesta trinchera los jóvenes que seguimos siéndolo nos manifestábamos contra la guerra de Vietnam; en este contexto el 11 de septiembre de 1971, el paradigmático 11 de septiembre, el próximo domingo se cumplirán 45 años, tuvo lugar el “Concierto de Avándaro”, que en principio sería de “rock y ruedas”, por coincidir con una carrera de autos de la época, al final el rock se impuso y se convirtió en el mayor concierto en la historia de la cultura musical de México, reconocido ya para siempre como el “Woodstock” mexicano; paradójicamente la iniciativa surgió desde Telesistema Méxicano –hoy Televisa- con Luis del Llano, Justino Campeán ejecutivo de Coca Cola y la promotora Go SA, sin embargo quien compró la idea y fue determinante, lo fue Jacobo Zabludowsky ; Jaime Almeida, cuenta que Jacobo les “abrió las puertas con su amigo Carlos Hank González y su compañero de generación Mario Moya Palencia para que autorizaran el evento y a través de su noticiero “24 Horas” lo promocionó, al grado que en la primera semana se agotaron los 75 mil boletos emitidos y faltaba mes y medio, dado que el terreno lo permitía se pusieron a la venta 75 más, cinco días antes del festival miles de personas ya estaban en el lugar, entonces se decidió abrir las puertas y hacerlo libre”; no hay una estadística formal, pero las crónicas dan cuenta de más de medio millón de asistentes reunidos para celebrar la vida, la convivencia pacífica, la ecología, las artes y al dios “Eros”; así al conjuro de la consigna del momento “peace and love” –amor y paz- durante dos días, entre lluvia y lodo los presentes disfrutaron de 18 bandas y su música psicodélica, del arte contracultural, uso abierto de drogas, en particular la que nunca pasa de moda, la marihuana y sobre todo, grandes sobredosis de amor libre; Luis del Llano concluyó “sobrevivieron…eso fue un intento de tener una identidad”, el parte médico fue “hubo un caso de apendicitis, 20 intoxicados con pastillas, 50 con marihuana, 5 con congestión alcohólica, 5 con gastroenteritis y 2 0 3 descalabrados”, o sea nada que presumir; fue tal el impacto que Avándaro causó en las “buenas conciencias” que muchos se deslindaron, Fidel Velázquez lo definió como una “¡bacanal!”, Enrique Olivares Presidente del Senado fue contundente “que no haya más Avándaros en la República” y el Presidente Echeverría que se había ganado un aplauso al anunciarse que enviaba 300 camiones para el regreso, muy en su estilo sentenció “aunque lamentamos y condenamos el fenómeno Avándaro, nos alienta nuestra convicción de que en este tipo de actos y espectáculos solo participa una reducida parte de nuestra población juvenil”; algunas crónicas lo definieron como un encuentro de promiscuos, degenerados, pachecos, motorolos, marihuanos, drogos, exhibicionistas, mugrosos, imperialistas, jipitecas y traidores a la patria; incluso Carlos Monsiváis desde Londres escribió una carta que le envió a Abel Quezada quien sin su autorización la público, que concluía “es uno de los grandes momentos del colonialismo mental en el tercer mundo”, la cual semanas después, lapidariamente refuto dirigiéndose a sí mismo, definiendo al Festival de Avándaro como “una aventura comunitaria que habita la dichosa anarquía del porvenir”, ¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…¡5 años de resistencia…ya solo faltan 84 días para que Gabino Cué pase a ocupar su lugar en el basurero de la historia!…

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ /  @rcperseguido

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