Declaración de la Academia Mexicana de Ciencias y las leyes antiaborto

Víctor Raúl Martínez Vásquez

La Academia Mexicana de Ciencias, organización de la que formo parte, ha hecho recientemente una declaración en relación con las leyes antiaborto que se han aprobado en 18 entidades federativas. La declaración está suscrita por su actual presidenta, la Doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, así como por sus expresidentes, también doctores en ciencias, Francisco G. Bolivar Zapata, José Antonio de la Peña, Rene Drucker Colín, Jorge Flores Valdez, Mauricio Fortes Besprosini , Carlos Gual Castro, Ismael Herrera Revilla, Juan Pablo Leclette San Román, Adolfo Martínez Palomo, Raúl Ondarza Vidaurreta, Octavio Paredes López, Antonio Peña Díaz, Daniel Resendiz Núñez, Pablo Rudomín Zevnovaty, José Sarukhán Kermez y Guillermo Soberón Acevedo, estos últimos, ex rectores de la UNAM. Es importante mencionar todos estos nombres porque son científicos mexicanos ampliamente reconocidos a nivel nacional e internacional.

En esencia, el documento que suscriben, fechado el 5 de enero y que ha llegado a mi correo electrónico enviado por la Doctora Rosaura Ruiz Gutierréz, fija una posición en defensa de la mujer, de los derechos humanos, de la ciencia y del Estado laico. Califica las reformas a las Constituciones Políticas locales, como “.. .un fenómeno regresivo que en los últimos meses ha estado socavando la racionalidad política del país y amenazando con retroceder a etapas dolorosamente superadas hace siglo y medio”.

La aprobación de las recientes leyes antiaborto, tienen el efecto de penalizar el aborto, “convirtiendo contra toda lógica, en delincuentes a las mujeres que toman tal decisión por razones respetables y, en último caso, en uso de su legitimo derecho de decidir sobre cuestiones que atañen a su propio cuerpo y dignidad personal”.

En lo jurídico, dicen los firmantes, estas reformas constituyen “una violación de los principios del Estado laico y una amenaza contra la racionalidad del sistema jurídico nacional”.

En lo científico, “una incompatibilidad flagrante entre el concepto moderno, multifacético, y complejo, de lo que es un ser humano, y la simplista, arbitraria y poco informada definición de la vida en que se basan las reformas indicadas”.

En lo práctico, constituyen “una maniobra insidiosa con potencial para penalizar de modo tajante y obtuso a las mujeres de México y a los médicos involucrados y, como propósito subyacente, establecer un método de legislar que no considere los avances de la ciencia”.

La declaración de la Academia Mexicana de Ciencias, que cumple ya 50 años de existencia, agrupa a más de 2 mil científicos del país y cuya contribución en el fortalecimiento de la investigación y la educación científica en todos los campos del conocimiento son indiscutibles, da razón a la lucha de las mujeres en contra de la penalización del aborto. Recordemos que en Oaxaca, la protesta del colectivo Huaxyacac y otras organizaciones en la Cámara local de diputados fue recibida con agresiones y atropellos por los guardias del recinto parlamentario, el día en que, de manera apresurada y sin discusiones, fue aprobada la reforma al artículo 12 de la Constitución local penalizando el aborto.

Con estas reformas, no solo se atenta contra los derechos humanos de las mujeres, sino se atenta contra la democracia que implica también cierta forma de legislar. Se negó la voz a los grupos humanos afectados y se legisló al margen de su opinión y de un debate racional, con fundamentos científicos. Ante lo que está ocurriendo, la Academia Mexicana de Ciencias hace un llamado “a los órganos políticos y jurídicos competentes, así como a toda la ciudadanía a reflexionar sobre las consecuencias de los hechos señalados y a detenerlos a tiempo, antes de que los mismos lleven al país a etapas de confrontación que a todos dañan”.

Parece a que los promotores de las leyes antiaborto y los legisladores priistas y panistas que las aprobaron, les hace falta una buena lectura de la historia de México y ser más sensibles a las opiniones de sus científicos y científicas.

Defendamos el estado laico y los derechos humanos de las mujeres y ahora también, de los derechos humanos de homosexuales, indígenas, discapacitados, y todos los excluidos y diferentes, hombres y mujeres todos, con los mismos derechos que los demás. Defendamos la libertad, la democracia y la justicia.

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