Cuba: una revolución sin pena ni gloria ni geopolítica: Carlos Ramírez

epa02052428 A file photograph made available on 24 February 2010 showing Cuban President Raul Castro taken on 26 July 2009 in Havana, Cuba. Castro said in a press comunication that he regrets the dead of Cuban political dissident Orlando Zapata Tamayo, he blamed to the US for this dead and denied torture in the island. Cuban political prisoner Zapata Tamayo died on 23 February 2010, 85 days after he went on a hunger strike, which according to diplomatic and internal opposition sources will bring grave repercussions to the Cuban government.  EPA/Alejandro Ernesto

La república de Cuba y sobre todo la revolución cubana tiene sentimientos encontrados en México.

En abril de 1961, iniciada la invasión de cubanos financiados por la CIA, el general Lázaro Cárdenas anunció que viajaría a La Habana para ayudar en la batalla contra los contrarrevolucionarios; sin embargo, el presidente López Mateos llamó al expresidente y le dijo que no podía poner en riesgo su vida porque provocaría un problema internacional.

Luego del apoyo significativo de Cárdenas a Fidel Castro y a la revolución cubana, en diciembre de 1988 el comandante en jefe Fidel Castro arribó al Distrito Federal como invitado especial a la ceremonia de legitimación de Carlos Salinas de Gortari, quien había operado irregularidades electorales contra el candidato de la izquierda Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Cárdenas. Con esa presencia, Castro demostró que los intereses políticos estaban por encima de las lealtades morales.

La visita estos días de Raúl Castro, presidente de Cuba y jefe máximo del ejército, carecerá de agenda política: desde el tratado de comercio libre, Cuba y su precaria y deteriorada revolución dejaron de ser factor estratégico en la diplomacia mexicana. La integración comercial de México a EE.UU. disminuyó el peso específico del socialismo cubano. Por eso la reanudación de relaciones diplomáticas de Washington con La Habana fue un acto protocolario, no político.

La revolución cubana fue un factor de definición de la izquierda mexicana, aunque Cuba manipulaba ese apoyo a su beneficio. En 1968, Fidel Castro en persona justificó la entrada de tanques soviéticos a Praga para aplastar a sangre y fuego el experimento de socialismo democrático y Cuba guardó silencio sonoro ante la represión del gobierno de Díaz Ordaz al movimiento estudiantil en el que participó activamente el Partido Comunista Mexicano y la Juventud Comunista, ambas articuladas a Cuba a través de Moscú.

Cuba viene en busca de aliados, pero se encontrará con un ambiente adverso en América Latina: Hugo Chávez ya no está en Venezuela, la izquierda en Brasil y Chile está confrontada con la sociedad, el peronismo populista va a la baja en Argentina, Irán comenzó a retirarse del continente y China carece de fichas en su ajedrez de conveniencias. La izquierda mexicana fue des-socializada por el priísmo caudillista del PRD y nada les dice a los perredistas la revolución cubana.

El socialismo cubano perdió su aliento social muy pronto. En la ceremonia del 26 de julio de 1960, a seis meses de la victoria, el general Cárdenas fue el invitado especial en el mitin en la Plaza de la Revolución; pero a las mismas horas del evento, el comandante Huber Matos fue arrestado por fieles a Castro en el mismo palacio de la revolución acusado de haber dicho que Fidel llevaba la revolución al comunismo; así, la revolución comenzaba con la represión para proteger al caudillo. Cárdenas fue informado después del arresto pero guardó silencio.

Castro apoyó a la guerrilla mexicana y la condujo a la represión, mientras mantenía relaciones con el Estado represor mexicano y apoyaba a Díaz Ordaz. México le dio a la revolución cubana el apoyo diplomático vital al negarse en 1962 a romper relaciones diplomáticas con La Habana –como lo ordenó Washington a través de la OEA–, pero Cuba en nada retribuyó ese apoyo.

Por eso la visita de Raúl Castro beneficia sólo al PRI.

 

Sólo para sus ojos:

  • La iniciativa de Ley Fayad demostró la ausencia de una estrategia política gubernamental; aunque la anunció con tiempo, nadie le dijo que afectaría el presidente Peña Nieto por su mala relación con twitter. Cuando lo obligaron a retirarla, fue demasiado tarde. Otra falla de la política de comunicación social del gobierno.
  • Mucha cola en la versión de que El Chapo Guzmán tiene relaciones con las FARC colombianas, tachadas aún de narcoterroristas.
  • El tema central de la marihuana no es de derechos sino de caracterizarla como droga o como estimulante. Como droga, causa daño al organismo; entonces, se estaría contraviniendo la política de salud pública al legalizar una droga que afecta la salud.
  • Mucha preocupación por Colima. El proceso poselectoral fue mal manejado por César Camacho como líder del PRI y ahora todo apunta a la derrota. En el entorno de Manlio Fabio Beltrones no quieren aceptarla como propia pero no saben cómo endosársela a Camacho.

 

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