Comer es primero: Rubén Mújica Vélez

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Con este sugestivo título hace tres decenios Francés Moore Lappé aportó una obra interesante sobre el tema de la alimentación humana y los intereses que la condicionan. El problema en ese largo período se ha agudizado. De nada han servido las “guerras contra el hambre” “los Welfarstate” o “las metas del Milenio.” El hambre sigue ahí, con su hermana la pobreza  con los rasgos que denunciara burlonamente Aristófanes en su comedia “Pluto”. Solo que para la Humanidad es tragedia. En México no hace malos adobes.

Al respecto hemos de señalar que a dos años de su primera visita, volvió al país Olivier de Schutter relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación. Cuentas aparte, slogan que pronto se tomará en México para inscribirlo en la Constitución Política, como si esa formalidad fuera suficiente para eliminar el flagelo de la subalimentación, la morbilidad y las muertes por hambre.

De Schutter en Septiembre de 2009 propuso acciones globales para limitar los riesgos derivados de la especulación financiera En otras palabras, denunció la influencia destructiva de los hambreadores internacionales:

“La especulación fue un factor significativo para el pico de precios observado en 2007-2008..la abundancia de liquidez internacional combinada con baja en rendimientos de los mercados financieros hizo entrar grandes flujos de capital en los mercados de materias primas agrícolas….Apostaban a que los precios subirían o bajarían como una estrategia de inversión de corto plazo..estos fondos especulaban en 2008 con alrededor de 20 materias primas y contratos por 400 mil millones de dólares, el doble que a fines de 2005”.

Severo devela la contradicción de la más alta producción de alimentos que nunca y el aumento en el número de hambrientos: 

“Cometimos el error de creer que produciendo más alimentos se conseguirían victorias decisivas contra el hambre..se produce de un modo que aumenta las desigualdades…hemos marginado a los pequeños productores, propiciado la migración rural y las zonas marginadas ”. “Es la pobreza y no un desajuste entre oferta y demanda, lo que explica que haya hambre en un mundo de abundancia”.

Más claro ni el agua. Pero de De Schutter “asegundó” en junio de este año. Señaló el peligro de la dependencia alimentaria de México hasta en 40% y que programas como Ingreso Objetivo o PROCAMPO, en vez de prevenir mayor desigualdad la provocan y hacen que lo grandes productores del norte sean los beneficiados. Insistió en el daño de la especulación internacional y en México de los consorcios Cargill, MASECA y Arancia Corn Production, amos del mercado alimentario interno, gracias a Zedillo y los panistas foxicalderónicos. También recomendó alinear los salarios mínimos con los precios de la canasta básica. Siempre van rezagados los salarios. Formuló otras recomendaciones que omito por razones de espacio.

En contrapunto, en junio de este año, declaró Fernando De Mateo, embajador permanente de México ante la OCDE. Por cierto fue compañero del que escribe en la Facultad de Economía de la UNAM, ahí donde se practica la crítica puntual de la operación del sistema capitalista. De Mateo  formuló declaraciones insólitas:

                “En realidad los especuladores juegan un papel de equilibradores

por que compran al alza y luego venden hacia la baja. Cuando ven

que se van a caer los precios entonces venden rápidamente. El encarecimiento de los alimentos se origina en tres factores: la expansión de las clases medias en India y China; el segundo los impuestos a la exportación de alimentos  y el tercero, la “salvajada” de destinar alimentos para producir biocombustibles”

De Mateo un poco más nos “vende” la idea que los especuladores internacionales regulan el mercado alimenticio mundial. A su juicio son los “hermanitos de la caridad” en un mundo en que se lucha por las máximas utilidades. No mencionó que la “salvajada” de los biocombustibles se origina en la mayor rentabilidad para los empresarios trasnacionales, muy superior a la que lograrían en alimentar a la población. Cuestión pura y simple de negocios, de utilidades.

Así mientras De Schutter señala las causas nítidas del hambre y la desnutrición, De Mateo las elogia, al grado que el  mundo debe agradecer a los megaespeculadores del hambre su función “equilibradora”.

¡Qué patética función de De Mateo al intentar justificar el papel entreguista de los gobiernos priístas y panistas!. Ambos lo han mantenido en la nómina dorada de la diplomacia!. No cabe duda que, para muchos que transitaron por la UNAM sin “manchar” su plumaje con el compromiso de servir a una sociedad que pagó sus estudios, queda al dedo la frase:

                “la ideología llega hasta donde empieza la nómina”.