Alimentación y empleo. La pesca, del auge al desmantelamiento: Armando Navarrete, Rosendo Gómez Prudente

Tercera parte

Al igual que el resto de los sectores productivos, la actividad pesquera tuvo sus años de auge en general, y como parte del sector social en particular.  De 1941 al inicio de los 70s, México creció con estabilidad. Y no fue necesariamente porque los gobiernos posrevolucionarios hayan impulsado de manera conciente una estrategia económica nacionalista de crecimiento con desarrollo social -salvo la iniciativa de Lázaro Cárdenas, cuya continuidad fue olvidada por sus sucesores-, sino como efecto directo del ímpetu imperialista de los EUA, que demandaba alimentos, insumos y bienes intermedios de México para dedicar sus recursos humanos y financieros a la economía armamentista.

A lo largo de las tres décadas siguientes (1970-2000), el país vivió un populismo desmedido, un crecimiento fincado en el endeudamiento excesivo y un déficit fiscal inmenso, además, hacia la última mitad del periodo, la  petrolización de la economía, que hoy obliga a importar combustibles y a la  dudosa existencia de reservas suficientes para el futuro inmediato de México. No discutimos la importancia de apoyar la economía popular ni el fomento del progreso nacional con déficit o endeudamiento si esto hubiera sido parte de un proyecto integral para la independencia plena, ajena a los dictados de organismos financieros como el FMI o nuestra subordinación al Consenso de Washington. Época de inestabilidad, entreguismo y demagogia.

En los años de estabilidad la pesca social y privada, incluso la pública, tuvo un comportamiento ascendente como parte de la economía nacional y sentó las bases para potenciar su dinamismos en la generación de empleos, alimentos y divisas, lo que fue una realidad y mostró –más allá de ese lapso-, la fortaleza del cooperativismo pesquero. Por el contrario, en el periodo de inestabilidad macroeconómica fue Salinas de Gortari el responsable de iniciar el desmantelamiento de la actividad, cuya orientación privatizadora reveló las imposiciones externas para que México diera marcha atrás en todo resquicio de economía estatal, pública o social. Zedillo, Fox y Calderón nada hicieron por retomar la enorme fortaleza ni las posibilidades sociales del sector pesquero. Por el contrario, acicatearon su devastación, como la de otros sectores o actividades apetecibles al capital extranjero.

Desde  mediados de los cincuenta y hasta 1973, año del embargo petrolero a EUA por los países Árabes (OPEP) e inicio de la inflación galopante en nuestra economía, se procura una política de impulso a la actividad pesquera con la llamada «marcha al mar», inducida por Ruiz Cortines y que alcanza su máximo esplendor durante el sexenio de Luis Echeverria, con el programa de construcción de 501 barcos camaroneros y la consolidación del consorcio de «Productos Pesqueros Mexicanos», integrado con plantas congeladores  y fabricas de hielo (red de frío), una amplia flota pesquera atunera-sardinera, camaronera y escamera en prácticamente todo el país.

Cerró el circulo ascendente de esta ilimitada fuente de alimentos, fuentes de trabajo y divisas la cadena de empresas comercializadores, como RETESA para el mercado nacional, Ocean Garden y Exportadores Asociados para el mercado Norteamericano y  Asiático, sin olvidar varaderos e inversiones en infraestructura portuaria o sistemas de transporte, que garantizaban el abasto de productos pesqueros a los grandes centros de consumo como el  DF, Guadalajara, Monterrey, entre otros, pero también a las comunidades  rurales mediante la sardina  y el atún enlatados con las marcas  «Dolores «y «Calmex «, hoy tristemente privatizadas junto a Ocean Garden y dominadas por la búsqueda ascendente de  ganancias.

Esa Marcha hacia el Mar se inició (en la segunda parte de los 40s) con la apertura de cuatro escuelas prácticas de pesca (Lerma, Campeche; Alvarado, Veracruz; Manzanillo, Colima; y La Paz, BCS); con la creación, en 1951, de la Comisión para el Fomento de la Piscicultura Rural; con el establecimiento de la Comisión Nacional Consultiva de Pesca en la época de Díaz Ordaz; con el Instituto Nacional de Investigaciones Biológico Pesqueras en 1964; con el impulso del Programa de Investigación y Fomento Pesquero México, en colaboración con la FAO y el PNUD en 1969, que derivó en un extenso programa de investigaciones a bordo y la publicación de sus importantes resultados.

En 1970 el Instituto Nacional de Investigaciones Biológico Pesqueras cambia a Instituto Nacional de Pesca y se funda, como ya mencionamos, el organismo público denominado Productos Pesqueros Mexicanos, que agrupó a las embarcaciones pesqueras de participación estatal, además  de conformar los fideicomisos FIDEFA (Fideicomiso para el Desarrollo de la Fauna Acuática) y el Fideicomiso para el Otorgamiento de Créditos a las Sociedades Cooperativas Pesqueras, a la postre BANPESCA.

En el régimen de López Portillo se crea el Departamento de Pesca y en 1982 éste pasa a ser Secretaría de Pesca. Sin embargo, y secundando la estrategia privatizadora de Salinas, Ernesto Zedillo decide bajar de rango a esta importante instancia de fomento, degradándola a subsecretaria, además de burocratizar y centralizar la investigación pesquera en el DF.  Esa marcha hacia el mar emprendida a mediados de los 40s, inicia un recorrido en sentido contrario y abierto retroceso para la actividad que arranca con de la Madrid y Salinas y se recrudece con Zedillo, Fox y Calderón.

Poco a poco la educación y la investigación pesquera han dejado de tener importancia institucional. Los pescadores empobrecen sin remedio y ahora son, inexorablemente, desempleados u obreros asalariados de los pocos empresarios que dominan la pesca nacional, unos bajo condiciones óptimas de tecnología, capital y mercado y, otros, con equipo o artes de pesca obsoletas y escasos recursos de inversión. Después de haber constituido un prometedor sector social cooperativo, los pescadores han sido depauperados por el desdeño gubernamental deliberado. Ya no son más propietarios de sus embarcaciones y fueron despojados de las especies reservadas a sus organizaciones.

Los fondos o fideicomisos que se constituyeron para fomentar la pesca social o privada dejaron de auspiciar auténticamente ese propósito, y las instancias de gestión, primero en SEMARNAT y ahora en SAGARPA, perdieron el rumbo por la politización de esos puestos pero sobre todo por la burocratización, la excesiva regulación, las imposibles reglas de operación, y peor aún, por las miserables partidas presupuestales asignadas a una actividad a todas luces relegada y olvidada, incluso por el Congreso Federal y la comisión correspondiente.

La extinción de los instrumentos financieros que dieron impulso  la actividad pesquera, se dio bajo el pretexto de inoperancia y malos  manejos. Pero el sector social tenia el 90%de la cartera vigente al momento del cierre de BANPESCA, lo cual desmintió esa falacia de los impulsores del cambio estructural de la economía como Pedro Aspe Armella, emulo impulsor de las privatizaciones. A la inestabilidad económica recurrente de los EUA, el carácter aleatorio de la pesca y los efectos demoledores sobre México, se agregó el sometimiento de nuestros gobernantes a los designios de los moderadores del gran capital.

Así, los campesinos y las comunidades indígenas ven alejadas sus posibilidades de retomar o irrumpir en el cultivo piscícola serrano, las presas, o sus lagos, sea como recurso alimenticio propio o para el mercado. Los pescadores cooperativistas que antes fueron a la mar hoy ven muy distante, y quizá imposible,  su retorno a la actividad colectiva por la cantidades prohibitivas de inversión que requieren para habilitar una embarcación e incluso para incursionar en la acuicultura intensiva, ambas prácticamente de la exclusividad privada.

En su momento, la decisión política del Presidente Echeverria de resguardar la soberanía de  nuestro país en sus mares y sus riquezas al decretar  las 200 millas de Mar Patrimonial, que  además protegió los recursos petrolíferos al utilizar la flota pesquera en la explotación atunera, sardinera y camaronera, desbordó el coraje represivo Norteamericano con el embargo atunero, disfrazándole de acciones de carácter ecológico. Ese fue un ejemplo semejante al de Cárdenas que debe repetirse para garantizar la autonomía y la regeneración nacional.

Hoy la dificultad mayor para el retorno al cooperativismo pesquero es la absoluta inclinación de los gobiernos tecnocráticos y neoliberales única y exclusivamente a la economía privada, monopólica y dominada por Estados Unidos, que no sólo desdeñan al sector social de la economía, sino que ven en él el riesgo de cambios más trascendentes, como la creciente lucha por el cambio verdadero, por un mañana distinto para nuestros hijos.

 

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