A qué vino el papa Francisco y la geopolítica del Vaticano: Carlos Ramírez

papa-francisco-despedidaMás allá de las pasiones jacobinas y las sumisiones espirituales, la visita del papa Francisco a México fue una estrategia de geopolítica del Vaticano: reposicionar a la iglesia por encima del poder político, luego de la derrota política de los cardenales Ernesto Corripio Ahumada y Norberto Rivera Carrera.

En los pasillos del poder se tenían datos en el sentido de que el papa Francisco se iba a meter en el conflicto de la violencia criminal, en el tema de la curia y los abusos sexuales de curas, y en lo que consideraban el debilitamiento de la institución presidencial. La forma en que las instituciones del poder acudieron casi a rogar una visita papal a México dejó ver un escenario ideal para que la iglesia católica como jerarquía de poder reasumiera su dominio político.

Sin embargo, el ambiente de desorden político impidió resultados concretos: las organizaciones civiles afectadas por la violencia se negaron a negociar posiciones, la curia mexicana de Rivera Carrera operó a favor del sistema político y el presidente Peña Nieto acotó el espacio de movilidad del papa con funcionarios de su gabinete como guardia corps políticos.

Las quejas papales sobre la división en el grupo de los padres de los 43, los mensajes de renuncia de quienes protegen a curas pederastas y sobre todo el tête à tête del papa Francisco con el precandidato republicano Donald Trump mostraron el juego geopolítico del Vaticano respecto a la recuperación del espacio de México como territorio del Vaticano.

La ola de protestas en México por la inseguridad y la movilidad de grupos de activistas en contra del gobierno han profundizado los lamentos de mexicanos agraviados en contra no sólo del gobierno sino de las instituciones religiosas; los activistas contra la violencia que hasta hace poco tenía conexiones con el Vaticano –el papá de Emilio Álvarez Icaza, don José, convivió con el papa Juan Pablo II– carecían de relaciones con la jerarquía católica controlada por el gobierno priísta.

La visita del papa Francisco a la tumba de Samuel Ruiz fue otro mensaje político de aliento para la reconstrucción –tesis más jesuita que franciscana– de la iglesia promotora de comunidades sociales de base; Samuel Ruiz fue el motor que alentó la formación y expansión en Chiapas del Frente de Liberación Nacional y luego EZLN, y de la cobertura política de la guerrilla zapatista cuando fracasó su ofensiva armada contra el Estado y contra el ejército, y de protección a la guerrilla en la negociación de los acuerdos de paz.

La iglesia católica mexicana se había movido desde los sesenta con dos pinzas operativas: la institucional y la de las comunidades de base; desde la regularización del estatuto jurídico de la iglesia en enero de 1992 con las reformas de Carlos Salinas de Gortari, la iglesia perdió esos equilibrios y se sometió al poder con el apoyo de uno de los nuncios más priístas: Jerónimo PRIgione.

Más que las complicidades de la curia mexicana con los curas pederastas, la irritación del Vaticano tenía que ver con la inexistencia política de una iglesia mexicana como factor de poder político de cara al poder institucional; los sacerdotes y cardenales parecían más chaperones de políticos que representantes del poder geopolítico del Vaticano.

Por eso el papa Francisco vino más como jefe del Estado Vaticano que como sacerdote mayor del catolicismo.

 

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Política para dummies: La política es la difícil tarea de decir que los regaños fueron elogios y seguir tan campantes…

 

Sólo para sus ojos:

  • Los problemas del gobernador veracruzano Javier Duarte se han convertido en pasivos del precandidato presidencial Aurelio Nuño, no sólo por la bronca gratuita con la Universidad Veracruzana sino porque el mandatario se presenta como parte del equipo sucesorio del secretario de Educación.
  • Lo que son las cosas: los sacerdotes Raúl Vera y Alejandro Solalinde son los más críticos del poder pero aparecen sumisos al dominio de su jefe, el papa Francisco. Sus justificaciones recuerdan la argumentación del PRI para justificar al presidente en turno de la república, a pesar de que defienden a las víctimas de la violencia.
  • Como en Vietnam, los EE.UU. ganan con la derrota ahora en Cuba. La salvación del reinado de los Castro depende de Washington. ¿Y el antimperialismo? Bah, a quién le importa.

 

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