2018: en busca de las agendas perdidas: Carlos Ramírez

CosYekiWcAAk274Las cinco principales fuerzas políticas nacionales –PRI, PAN, PRD, Morena e independientes– están jaloneando la agenda política de los menos de dos años que faltan para las elecciones presidenciales del 2018. En este sentido, la agenda de la corrupción la quiere acaparar el PAN pero el PRI y el presidente Peña Nieto no se van a dejar.

Pero la corrupción requiere algo más que iniciativas legales: todas las fuerzas políticas tienen en su seno ejemplos claros de corrupción. De ahí que lo importante será lo que se haga en los hechos.
Sin embargo, la agenda del 2018 es mucho más amplia y con puntos concretos que pudieran desplazar a la corrupción: la crisis de las reformas estructurales por falta de resultados concretos, la absorción por partidos regulares de movimientos sociales violentos y antisistémicos en las calles, los problemas cotidianos de la violencia del crimen organizado que han repuntado en algunas zonas y los obstáculos que algunos le ponen a sus adversarios en problemas de gobernabilidad.

Los primeros análisis sobre el 2018 han pecado de ingenuidad al suponer que los primeros sondeos sólo con un candidato explícito dan ya al ganador presidencial. El PRI, el PRD y el PAN han comenzado a posicionarse hacia su interior para poder operar hacia el ambiente político nacional, pero en el entendido de que algunas agendas locales estarían incidiendo en la república.

Los verdaderos indicios de las encuestas no se localizan en el pole de competidores sino en algunas circunstancias que explicarían los porcentajes: López Obrador aparece a la cabeza pero como único aspirante autodestapado y por ello la cifra de ventaja sobre el segundo lugar es baja porque ni el PAN ni el PRI ni el PRD tienen candidato fijo. Por tanto, es una ilusión suponer que las encuestas hasta ahora ya dieron al ganador del 2018. En el 2006 López Obrador tuvo durante meses hasta 25 puntos porcentuales de ventaja y al final perdió las elecciones.

Las agendas del 2018 deben de pasar por cuando menos cuatro aduanas: la elección de gobernador en el Estado de México, el saldo en la negociación de la reforma educativa con la CNTE, la situación de la violencia criminal que de nueva cuenta ha rebasado a las autoridades y las rencillas al interior de los partidos. En materia de corrupción avanzará quien encarcele corruptos de sus propias filas.

Y a todos los ponderables previsibles habrá que agregar racionalmente algunos imponderables que aún no aparecen. En España, por ejemplo, el Partido Popular de Mariano Rajoy estaba hundido en escándalos de corrupción, pero salió en primer lugar porque la gente votó por otras razones más terrenales; y la izquierda de Podemos que en las encuestas estaba en segundo lugar cayó al tercer sitio por el miedo electoral al radicalismo izquierdista y modificó su tendencia justo a boca de urna.

En el 2006 López Obrador se enfilaba a la victoria pero sus alianzas con grupos radicales movió votos hacia la alternativa de derecha. Por eso una cosa es la tendencia electoral en las encuestas y otra cosa el resultado real en las urnas, como se vio también en la relación encuestas-votos reales en las elecciones de gobernador el pasado 5 de junio. Lo malo radica en que analistas, políticos y hasta la sociedad misma le creen a las encuestas que han estado fallando desde el 2000.

La agenda del 2018 apenas se está diseñando y será muy voluble. De ahí que el 2018 aún no esté resuelto.

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