2018: el PRI frente a las alianzas PAN-PRD: Carlos Ramírez

CARLOS-RAMIREZA pesar de que en lo individual hay personalidades opositoras bien posicionadas en las preferencias para el 2018, la verdadera lucha política se dará en la búsqueda de alianzas del PAN y el PRD para combatir a un PRI fortalecido. Y como se presentan las cosas, el tema central es saber si podría darse el caso de una candidatura de coalición PAN-PRD.

En el 2009, el PRI firmó un acuerdo de apoyo a la política presupuestal del gobierno de Calderón a cambio de que el PAN no hiciera alianza en el Estado de México con el PRD. Las expectativas entonces temían que una candidatura PAN-PRD derrotara al PRI en la tierra del gobernador Enrique Peña Nieto, el mejor posicionado en las encuestas para las presidenciales del 2012.

Ahora, después del 7 de junio de 2015, hay ya conversaciones iniciales entre el PAN y el PRD para algunas candidaturas a gobernador en el 2016 y el 2017 como una forma de ir debilitando al PRI. Por lo pronto podrían repetirse las alianzas en las gubernaturas de Puebla y Oaxaca, y está en duda Sinaloa. En la agenda de posibles estaría Veracruz y Chihuahua.

Las alianzas con posibilidad de victoria no responden en automático a una candidatura apoyada por los dos partidos. El éxito de las alianzas en el 2010 obedeció a una lógica local, a la candidatura de un expriísta posicionado en las encuestas y al crispado estado de ánimo de la sociedad contra el PRI.

En Puebla catalizó en contra del PRI el gobierno saliente de Mario Marín Torres y en Oaxaca la crisis de la Sección 22 de maestros y la APPO contra el gobernador Ulises Ruiz Ortiz. El candidato poblano fue el expriísta Rafael Moreno Valle y en Oaxaca el expriísta Gabino Cué Monteagudo. Estas circunstancias no se repiten en las gubernaturas en disputa en el 2016: ni hay expriístas que acumulen cohesiones ni conflictos dinamizadores. El éxito de las alianzas dependería de la estrategia y fuerza políticas del gobernador saliente. De las doce gubernaturas en disputa en el 2016, sólo estará caliente la de Puebla por la posición destacada del gobernador aliancista Moreno Valle en las nominaciones presidenciales del PAN.

Una plaza importante en la que se intentará una alianza local será de nueva cuenta el Estado de México, en la elección de gobernador en el 2017. El nivel de aceptación de la gestión del gobernador priísta Eruviel Ávila es mucho menor que el que tuvo Peña Nieto a la mitad de su gubernatura. Además, el PAN y el PRD tienen claro que la derrota del PRI en el Estado de México dañaría las posibilidades del PRI en las presidenciales del 2018. Por lo pronto, Peña Nieto ya involucró al PRI nacional para posicionar a una de las precandidatas, la secretaria general mexiquense propuesta con Beltrones para nueva dirigencia.

Las posibles alianzas estatales estarían en la lógica política de sembrar posibilidades a una candidatura presidencial PAN-PRD, más viable en el escenario teórico que en la real politik. En el 2012 lo quiso intentar Marcelo Ebrard Casaubón, pero se le atravesó López Obrador y su negativa a aliarse con el PAN. Antes de su exilio en París-Nueva York-Houston, Ebrard volvió a iniciar contactos con miras a una alianza presidencial PAN-PRD en el 2018.

El problema que tienen las alianzas es su incomprensión real. El único que entendía la lógica de las alianzas era Manuel Camacho Solís, pero las dirigencias de la coalición neopopulista de centro-izquierda nunca quisieron racionalizar esa posibilidad. Camacho señalaba que el problema no era una candidatura de dos partidos, sino que su viabilidad radicaba en una propuesta de proyecto de gobierno.

Las posibilidades de una alianza PAN-PRD-chiquillería para el 2018 tiene más negativos que positivos. La suscripción de un compromiso chocaría contra la pared de López Obrador, quien no se niega a una candidatura de alianza pero la condiciona a que el candidato sea él y sin programa de gobierno. Y lamentablemente para el PRD, en sus filas no existen figuras que pudieran disputarle a López Obrador la posición de ventaja en las primeras encuestas. El único sería Miguel Ángel Mancera, pero en el PRD comienzan a regatearle su apoyo.

Por tanto, las posibilidades de alianzas PAN-PRD podrían ser una estrategia de desesperación de ambos partidos ante la caía de sus votos y las fracturas internas. El PRI se ha fortalecido en Oaxaca y Sinaloa, donde las gubernaturas aliancistas habrían perdido fuerza local. Y la fuerza electoral del PRD sufrió un descalabro el 7-J ante el PRD. Por tanto, en el PAN también existen suspicacias de aliarse con un partido que viene de regreso y en declinación. Y López Obrador tiene la certeza de que podría ganarle al PRI sin aliarse con nadie, aunque aceptaría declinaciones a su favor.

En este contexto, la estrategia del PRI se va a centrar en recuperar gubernaturas, mantener el Estado de México y avanzar en el DF.

 

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